La respuesta fundamental a esta pregunta es: ¡PORQUE NECESITAMOS SANAR! Y no me refiero solamente a la enfermedad física, porque cuando una persona se enferma físicamente, es ya la última etapa de la enfermedad, porque el hombre se enferma primero espiritualmente, después emocionalmente y por último y como consecuencia físicamente. Dios es unidad y creó al hombre como un ser integral, es decir, que no se debe ver la enfermedad física como algo separado de la parte emocional y espiritual o la emocional separada de la espiritual y física y así. Trataré de exponer en esta página, por qué el perdón es indispensable para la sanación, no solo por el conocimiento y la experiencia de la de la doctora Sara, sino también, por la cantidad de testimonios que tenemos gracias a: El Perdón como camino de Sanación.
Jesús le dice a la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, que el hombre fue creado para el Amor, la sangre, las venas son tejidos de amor etc., pero no vive como tal, más bien podemos decir que vive como sumergido en el desamor y cada vez que recibe una ofensa que es desamor, ésta le crea un vacío de Amor de Dios, porque, esta ofensa produce una herida, como si le diera una puñalada al alma y le hiciera un agujero por donde se sale el Amor de Dios, que corre en todo lo creado por dentro y por fuera de la creatura y por esta razón, el Amor de Dios no puede permanecer en nosotros. Podemos imaginar al alma como una sábana llena de agujeros, son vacíos de Amor, un agujero por cada herida, por cada ofensa que hemos recibido y el único hilo fino y resistente de Luz, para cerrar estos agujeros y restituir al alma es “el perdón”.
Le dice nuestra Madre, María Santísima a Luisa: “Pon tu mano en tu corazón y observa cuantos vacíos de amor están en él. Reflexiona: esa secreta estima de ti misma, ese turbarte por la más mínima contrariedad, esos pequeños apegos que sientes a cosas y personas, ese cansancio de hacer el bien, ese fastidio que te causa lo que no te agrada, equivalen a los otros tantos vacíos de amor en tu corazón, vacíos que como la fiebre, te quitan la fuerza y el deseo de colmarte de Voluntad Divina. ¡OH, cómo llegarás a sentir también tú la virtud refrigerante y conquistadora en tus sacrificios, si llenas de amor estos vacíos tuyos!” (La Virgen María en le Reino de la Divina Voluntad, apéndice 1º). Con estas palabras de nuestra Madre podemos entender mejor, y reconocer que, sí tenemos vacíos de amor de Dios en nosotros y es por el desamor y las ofensas que hemos recibido desde la infancia, además cada vez que alguien nos lastima, con el dolor de la ofensa, entra en nosotros la Ira, Ira que permanece dentro, si no la sacamos y esto solamente se hace, si perdonamos de corazón a quien nos ha ofendido.
En este tiempo como en ningún otro, la enfermedad que acoge gran parte de la humanidad es “La Ira”, podríamos decir que el mundo está enfermo de Ira y “El Perdón” es la medicina bendita, misteriosa y desconocida para sanar de la contaminación del alma por el odio, la Ira y el resentimiento. La Ira es un enemigo oculto, en realidad, por lo general las personas no son conscientes de cuanta Ira hay en ellas, y tampoco relacionan muchas de las enfermedades que padecen como consecuencia de la Ira interna que tienen, mientras que la Ira es la causante de una gran cantidad de enfermedades. Por eso, la razón principal de hacer un “proceso de perdón profundo” es la sanación de nosotros mismos, de heridas que llevamos cargando desde hace mucho tiempo y no han sanado porque no se ha perdonado como Jesús lo pidió.
En el Evangelio, cuando Pedro le pregunta a Jesús: Maestro, ¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peca contra mí, hasta 7 veces? Jesús le contesta: “No te digo que, hasta 7 veces, sino hasta 70 veces 7” (Mt, 18, 21-22)” En esta cita del Evangelio Jesús nos da el mandato de perdonar 70 veces 7, es decir 490 veces. Esta es la manera verdadera cómo podemos coser cada agujero, cada herida del alma y cerrarla. Es como si al hacer 7 perdones se hiciera una puntada y se requieren 70 puntadas para cerrar una herida, una sola, y hay que hacer lo mismo en cada herida, es decir que debemos perdonar 70 veces 7 o sea 490 veces, cada ofensa de cada persona. Por esta razón se propone en forma de rosario con septenas (7 pepitas) en vez de decenas, esto es lo que llamamos: “El Rosario del Perdón” que hemos venido trabajado desde el año 2011 con la Doctora Médica, Psiquiatra y Teóloga, Sara Londoño Benveniste y un grupo de personas con grandes testimonios de sanación de todo tipo: espiritual, emocional y físico.
El perdón debe ser una constante en nuestra vida, una vez que el alma comienza este proceso ya no puede dejarlo, está siempre dispuesta a perdonar cada ofensa que recibe, porque el alma se acostumbra a esta bendita medicina. Por otro lado, las personas que son constantes en el proceso del perdón, se van dulcificando y pacificando, porque van sanando y van sacando el resentimiento, el odio y la ira que tienen internamente, posiblemente desde hace mucho tiempo, que es lo que hace que las personas sean irritables, agresivas de palabras o de hechos y poco pacíficas.
Le dice Jesús a Luisa… “Todo debe ser dulzura y paz en ti, de manera que se pueda decir de ti lo que se dice de Mí: Que no emana de Mí otra cosa que miel y leche, figurando la miel a la dulzura y la leche a la paz; Yo estoy tan lleno y empapado de éstos, que emanan de mis ojos, de mi boca y en todo mi obrar, y si tú no eres así Yo me siento deshonrado por ti, porque mientras habita en ti Aquél que es todo paz y dulzura, tú no me honras, mostrando, aunque fuese la más mínima sombra de un ánimo enfadado e inquieto. Yo amo tanto esta dulzura y paz, que a pesar de que se tratara de cosas grandes, de mi honor y gloria, no quiero, no apruebo jamás aquellos modos enfadados, violentos, fogosos, sino aquellos modos dulces, pacíficos, porque sólo la dulzura es aquella que como cadena encadena los corazones, de modo que no se pueden soltar, es como brea que se pega y no se pueden liberar, y estoy obligado a decir: “En esta alma está el dedo de Dios.” Y además si no me agrada a Mí el modo enfadado, no agradará tampoco a las creaturas. Uno que habla, que trata aun cosas de Dios con modos no dulces y pacíficos, es señal de que no tiene sus pasiones ordenadas, y quien no se tiene a sí mismo ordenado no puede ordenar a los demás.” (Vol. 7, Noviembre 28, 1906 (69)).
Jesús en el Evangelio, después de que le dijo a Pedro que había que perdonar 70 veces 7, terminó diciendo: “Que, si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; pero SI NO PERDONÁIS A LOS HOMBRES, TAMPOCO VUESTRO PADRE PERDONARÁ VUESTRAS OFENSAS” (Mt. 6, 13-15). Esto quiere decir que “DIOS ME PERDONA, SI Y SOLO SI, YO PERDONO”. Nadie entra al Cielo si no ha perdonado todo y no ha pedido perdón a Dios por todo, así que, si no lo hacemos aquí en la tierra, nos toca en el Purgatorio con dolor. Ahora, como Jesús va a instaurar el Reino de Dios aquí en la tierra como en el Cielo, igualmente para entrar al Paraíso Terrenal, símbolo del Paraíso Celestial, tenemos que perdonar todo, a todos y pedirle perdón a Dios por todo. Y como si fuera poco, nos lo hace repetir cada vez que recitamos la oración del Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN”. En la medida que nosotros perdonamos, Él nos perdona. La medida la ponemos nosotros. ¿Qué tanto perdonamos realmente? Esta es la razón por la que la mayoría de la gente no se sana a través del Sacramento de la Confesión, que es un Sacramento de sanación.
Es extraordinario cuando hacemos el Rosario del perdón (perdonamos 70 veces 7) y nos confesamos, el efecto que tiene el Sacramento de la Confesión en nosotros es maravilloso. Pero cabe anotar que Dios quiere el ARREPENTIMIENTO, parte fundamental de este proceso, porque debe haber un deseo de enmienda en nosotros, es decir de cambio de vida verdadero. Una sugerencia importante es que cuando nos confesemos, en el momento en que el sacerdote nos da la Absolución, le decimos a Jesús “ACEPTO TU PERDÓN” porque muchas veces las personas salen del confesionario igual como entraron y el Sacramento de la Confesión debe ser de sanación y liberación, y la persona debe sentirse perdonada y liberada del pecado que dejó en el confesionario, si salimos igual de cómo entramos es porque no le hemos aceptado el perdón a Dios, porque hay personas que siguen cargando la culpa a pesar de haber recibido la Absolución. Por otro lado, por más vida espiritual que tenga una persona, si no trabaja el perdón constantemente, esta vida espiritual se estanca, porque interiormente hay cosas que hay que limpiar, quitar y ordenar, pero en la medida que se hace el perdón, el alma se va ordenando interiormente y se va transformando en dulce y pacífica.
Algunas personas que dicen que no tienen nada que perdonar, o que ya perdonaron y ya no tienen nada más que perdonar, es muy probable que la persona que dice esto, este haciendo negación o que en realidad no quiere perdonar o tiene miedo de volver a sentir dolor o simplemente prefiere quedarse así como está, pero puede pasar que le empiece la enfermedad física y ya sea más difícil la sanación. Esto también le puede pasar a una persona que hace el ejercicio de perdón una vez y fue tan doloroso, que ya no quiere volver a pasar por lo mismo y se queda sin sanar. Pero en general todos tenemos siempre algo que perdonarle a alguien, es solo que empecemos a hacer el ejercicio de perdón y empiezan a aparecer las cosas y personas que se deben perdonar.
Hay actitudes que nosotros tenemos por falta de perdón, por ejemplo:
- – La rebeldía puede ser causada por el abuso de autoridad, el perdón nos puede hacer dóciles.
- – La murmuración puede ser falta de perdón hacia la persona de la cual hablamos y a la cual le tenemos rabia, o envidia o celos, si perdonamos, estos sentimientos pueden cambiar y detenemos la murmuración.
- – La tristeza o la depresión pueden ser causadas por algo que nos está afectando profundamente, si se hace el ejercicio de perdón encontramos la causa del dolor que tenemos y puede sanarnos.
- – Si nos irritamos con facilidad, contestamos agresivamente o nos enojamos por cualquier cosa, esto se ve más fácilmente cuando conducimos auto, si nos enfurecemos y peleamos con otros conductores, la razón, es porque tenemos rabia, ira, odio o resentimiento dentro de nosotros, por ofensas o maltratos que hemos recibido desde la infancia y no hemos sanado porque no hemos perdonado. El ejercicio de perdón, saca esos sentimientos, nos dulcifica y se aconseja bendecir y perdonar a las personas que nos irritan manejando, esto nos ayuda a controlar estos sentimientos de ira que llevamos dentro.
- – La impaciencia, la intolerancia y aún el insomnio, son signos claros de Ira y falta de paz y tranquilidad, por lo tanto falta de perdón, porque el perdón pacifica y dulcifica.
- – Es recomendable no decir las palabras: “odio y detesto” porque estas le hacen mucho daño al alma, además si hay algo que nos produce estos sentimientos puede estar relacionado con algo que nos ha lastimado y no hemos perdonado.
Con todo esto, cabe anotar que como Dios quiere regenerar al hombre en estos tiempos para llevarlo a su estado de origen, nos ha dado los medios necesarios a través del perdón para sanar de raíz y desatar estas cadenas de pecado, a nivel personal y transgeneracional es decir en la familia, a través de “Oraciones de perdón y de desate con la Divina Voluntad”, que hemos llamado: “El Rosario del Perdón y del Desate”. Proceso necesario en el inicio de la sanación y de la regeneración del hombre, al que Dios quiere llevarlo.