Biografía de la Sierva de Dios, Luisa Piccarreta
En este momento Luisa está en proceso de canonización; ya aprobada la parte diocesana, ha continuado la fase romana en la Congregación para la causa de los santos. Nació el 23 de abril de 1865, en Corato, Italia y murió en olor de Santidad el 4 de marzo de 1947, a la edad de 82 años.
San Anníbale María Di Francia, fue su confesor extraordinario y también el censor de sus escritos encargado por el Arzobispo de Trani.
La vida de Luisa tiene varios aspectos en sufrimientos y en gracias. Fue víctima elegida de modo especial por Dios para aplacar a la divina Justicia tan agraviada en estos tiempos y para dar a toda la humanidad por medio suyo gracias espirituales ni imaginadas por el pensamiento humano. Por esta razón sus sufrimientos fueron innumerables: Dios la puso en una lucha contra los demonios durante tres años, (desde los 13 a los 16), resistiendo a sus asaltos, sugestiones, tentaciones y tormentos, hasta derrotarlos por completo. Estuvo cómo víctima en la cama más de 60 años y nunca su cuerpo presentó llagas por presión. Recibió los estigmas ocultos que solamente sus confesores o personas especiales los podían ver. Vivió largos periodos alimentándose sólo de la Eucaristía; Jesús le participó los sufrimientos cada vez mayores de su Pasión, pues en varias oportunidades Él se le aparecía con la cruz y los clavos y Él mismo la crucificaba evitando así que cayeran flagelos sobre la tierra.
Aún así, los dolores que le causaban más penas a Luisa eran: el primero: escribir por obediencia, era para ella un gran sufrimiento escribir las intimidades que pasaban entre Jesús y ella. Segundo, la petrificación: Luisa perdía con frecuencia el conocimiento y quedaba paralizada como en estado de muerte, a veces durante varios días, y no despertaba hasta que un sacerdote, normalmente su confesor, iba a llamarla mediante la bendición y en virtud de la santa obediencia; ella sufría porque no quería depender de los sacerdotes. Y el tercer y más profundo dolor para Luisa era el de la privación de Jesús, que sufrió durante toda su vida. Por la ausencia física de Jesús, ella sentía que su corazón se desgarraba del dolor cada vez que Jesús se desaparecía de su vista; Jesús le decía que estos dolores de la privación solo son comparables a los dolores del infierno porque en el infierno se sufre por la ausencia de Dios, por eso, sufridos por un alma víctima en la tierra, son tan valiosos ante Dios que pueden desarmar a la divina Justicia y hacen derramar gracias especiales como las que Dios quiere dar a la humanidad a través de la Divina Voluntad.
Gracias y dones extraordinarios:
Luisa recibió a los 23 años de edad, la gracia del Matrimonio Místico, esta gracia la han recibido santos después de muchos años de crecimiento en la vida espiritual, sin embargo Luisa la recibió muy joven y además de esto, poco después se realizó en el Cielo el Matrimonio ante la Sma. Trinidad, y más adelante le fue añadido un tercer vínculo con Jesús, el Matrimonio de la Cruz, desde entonces le comunicó los dolorosos estigmas de su Pasión, consintiendo a la petición de Luisa, que fueran invisibles.
Visitas diarias: Jesús le hizo la promesa a Luisa que cumplió, de aparecérsele todos los días al menos por un momento. Esto agravaba en Luisa el dolor de la privación en el momento que Jesús se le desaparecía. Estas apariciones tenían una característica especial, pues en la mayoría de los casos Jesús salía de dentro de Luisa, eran muy pocas las veces que se le aparecía fuera de ella, y esto se debía a que tenía la gracia de la Inhabitación de la Trinidad que conlleva a la unión con Dios.
El don de la Divina Voluntad: es el don más grande que puede recibir una creatura, debido a que este don es `la posesión de la Voluntad de Dios´, que le dio a Luisa como primera, por eso Jesús la llama `la hija primogénita de la Divina Voluntad´ y con este grandioso don y el conocimiento de los escritos de la Divina Voluntad, Jesús fue transformando poco a poco el alma de Luisa en Él, ya que la Divina Voluntad tiene la capacidad de transformar al alma que la posee en Jesús. Esta transformación es la imagen de Jesús en el alma, es la misma imagen y semejanza que el hombre perdió por el pecado original y que Dios quiere que recupere nuevamente en estos tiempos con el don de la Divina Voluntad.
Jesús le dijo a Luisa que Él había buscado entre las creaturas el alma más humilde y entre todas la encontró para darle primero a ella y a través de ella a toda la humanidad el Don de la Divina Voluntad y le dijo: “Tu misión es grande, porque no se trata sólo de la santidad personal, sino que se trata de abrazar todo y a todos y preparar el Reino de mi Voluntad para las generaciones humanas” (Vol. 19, Agosto 22, 1926).
En el transcurso de su vida, Jesús le reveló a la Sierva de Dios, 36 volúmenes sobre la Divina Voluntad y le dijo que pusiera en el titulo: “El Reino de mi Voluntad en medio de las criaturas. Libro de Cielo. La llamada de Dios a la criatura para que regrese al orden, al puesto y a la finalidad para la cual ha sido creada por Dios” (Vol. 19, Agosto 27, 1926). Otros libros que Jesús le reveló a Luisa son: “Las 24 horas de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo”; “La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad”; “Los giros del alma en la Divina Voluntad”; “La novena de Navidad”; “La novena de la Inmaculada Concepción” y diversas oraciones.
Sucedieron varios fenómenos extraordinarios en su muerte. El cadáver de Luisa quedó con el cuerpo sentado en su lecho, como cuando vivía, y no fue posible extenderlo ni aún con la fuerza de varias personas. Se quedó en esa postura, por lo cual hubo que hacerle un ataúd especial. Por otro lado, su cuerpo no sufrió la rigidez cadavérica, se podía sin el menor esfuerzo, moverle la cabeza en todos los sentidos, doblarle y levantarle los brazos, doblarle las manos y todos los dedos. Se le podían levantar también los párpados y observar sus ojos lúcidos y no velados. Fue necesario, con el permiso de la autoridad civil y del médico forense, hacer que estuviera durante cuatro días, en su lecho de muerte, sin que diera señal alguna de descomposición, para contentar al gentío que se aglomeraba…

Es sorprenderte que al entierro de Luisa asistiera una gran multitud de personas como se ve en la foto, sobre todo porque Luisa estuvo más de 60 años en la cama, no salía de su habitación, sin embargo hizo muchos milagros sin moverse de su lecho, por esta razón era reconocida su fama de santidad y todos la llamaban “Luisa la santa”.